Bestias vigilantes

Tártaro al can Cerbero, el terrible guardián de las puertas del infierno”, relata el mito Los 12 trabajos de Heracles. La real Academia Española define el término “guardián” como una persona que custodia algo y cuida de ello. En la mitología abundan este tipo de figuras pues, como explica el crítico de arte y experto en mitos Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de Símbolos, “toda riqueza o potestad mítica, religiosa o espiritual ha de ser protegida contra los poderes contrarios o frente a la posiblemente intromisión de lo que no es digno de penetrar en su dominio”. Es decir, estos entes, entre los que se puede contar a una gran cantidad de deidades y a otras bestias y seres, tendrían el objetivo de resguardar- ya sea para bien o para mal- aquellos objetos que representaran algún valor.

bestias vigilantes

En los relatos míticos por lo general tienen poderes mágicos, como algún antiguo libro de hechizos, un árbol de grupos sagrados un anillo encantado o algún cuantioso tesoro; pero también podría tratarse de una bella dama, o bien de la entrada a lugares sagrados y, por tanto, del conocimiento para este tipo de encomiendas las leyendas hablan de enormes y poderosas bestias, o de un “guerrero dotado de capacidades extraordinarias”, señala Cirlot, pues eran necesarios la fuerza, el poder y un aspecto feroz que pudiera aterrorizar a quienes se atrevían a intentar robar aquello que se protegía. Por ello, el custodio por excelencia en muchos mitos es la figura del dragón. Su aspecto e ilimitada fuerza resaltaban perfectos para amedrentar hasta a los más valerosos.

Veladores pétreos
Es posible que los arquitectos orientales tuvieran esto en cuenta al momento de ornamentar las fachadas de los edificios más importantes de sus ciudades. Es común encontrar, por ejemplo, la cara de un fiero dragón, o de algún otro monstruo fabuloso, flanqueando las puertas de los templos y palacios. Cirlot sugiere que, en Occidente, las imágenes de los portales de las iglesias pueden tener una función similar.
Una leyenda del siglo XII ejemplifica esto: se dice que un maestro cantero de Amiens (al norte de Francia) modeló de enormes gárgolas de bronce y luego las instaló a las puertas de la ciudad. Su objetivo era resguardar a la población de quienes con malas intenciones planeaban entrar, ahí, cualquier malhechor o bandidos era fulminando por el potente veneno que las gárgolas escupían. “Esos custodios del espacio sagrado recordaban la necesidad de seguir los preceptos establecidos por la iglesia”, se relata en el texto Oculitismo Medieval.

gargolas

No es de sorprender el uso de las gárgolas como vigías. Estos seres monstruosos figuraron durante mucho tiempo en el arte religioso de la Edad Media y, aunque los estudiosos les han dotado de múltiples interpretaciones, se coincide en que tiene un carácter de guardianas de lo sagrado. Aunque también eran el medio perfecto para tener en la mente de los feligreses la vileza del infierno y sus horrendos habitantes.
Otros que también viven adosados a las paredes o en los lugares donde existe una “entrada” son los grifos y las quimeras. El primero es una bestia alada con cabeza de águila y cuerpo de león, en tanto la quimera es cualquier tipo de figura fantástica, casi siempre alada. Ambas criaturas, en un nivel más psicológico, son lo que la novelista Hanía Czajkowski describe como “Guardianes de los Umbrales”, criaturas “aterradoras que parecen en los límites entre dos estados de conciencia”, que se encargan de “custodiar, vigilar y defender los lugares sagrados”, detalla. Cirlot concuerda, pero les llama “umbrales de transición”.

Vida de perro
CerberoPuede que el más conocido de los celadores del “umbral” no sea un reptil o un pedazo de piedra, sino un perro: Cerbero, la bestia de tres cabezas. Su nombre viene del griego Kérbero –perro del Hades-, y alude a un enorme can de los mitos griegos. De acuerdo con la leyenda, Cerbero, hijo de Equida (monstruo femenino mitad humano, mitad serpiente, madre de varias de las bestias del panteón griego) y Tifón, se encargaba de custodiar las puertas del inframundo –el umbral a través del cual se llega a la tran-sición-, asegurándose de que ningún alma pudiera escapar; Hades, dios de los muertos, era su amor. Hesiodo, en su Teogonía (siglos VII u VIII a. C) le representa como una bestia “comedora de carne cruda, el de la voz de bronce, el de las cincuenta cabezas” pero por lo general se acepta que era tricéfalo ya que cada una de sus cabezas era capaz de vigilar una parte del tiempo: pasado, presente y futuro, por lo que nada pasaba desapercibido a sus tres pares de ojos.

Pero no fue un guardián infalible. En ciertas ocasiones héroes y dioses lograron franquearlo. Entre los más importantes se menciona su encuentro con Heracles. Para cumplir uno de los 12 trabajos encargados por el rey Euristeo, este semidiós fue en busca del sabueso hasta las mismísimas puertas del infierno. Aquí la historia cambia según la fuente, pero la Encyclpedía of Mythogy de Larousse refiere que Heracles pidió permiso a Hades para llevar a Cerbero consigo. El dios aceptó con la condición de que no matase al animal. Sólo estrangulándolo consiguió arrastrarlo hasta la Tierra.

En otra leyenda, el enamorado Orfeo logra dormir a la bestia entonado bellas melodías para rescatar a su esposa Eurídice del inframundo. Incluso la aún humana Psique, calma y burla al can dándole deliciosas tortas de miel.
De acuerdo con la Lexikon der Symbole (Enciclopedia de los Símbolos) de Udo Becker, Cerbero –quien acogía a las almas recién llegadas y se ponían iracundo ante cualquier vivo o muerto que intentara entrar o salir- “simboliza los territorios de la muerte y la imposibilita de retomar a la vía”. El término “cancerbero” derivó de este animal y de la palabra “can” (perro), para denotar al guardián duro e inflexible.