Casa de la cruz

Casa de la cruzAgonizaba el siglo dieciochesco donde florecían los monumentales edificios barrocos de la apacible villa de santa Maria de los lagos como su esbelto y elegante templo de la Asunción, el pueblo andaba todavía alborotado con la llegada a la católica villa de un extraño y misterioso huésped, el cuerpo incorrupto de San Hermión Mártir de 1500 años de antigüedad, las apacibles y cristalinas aguas de su impetuoso río reflejaban bellos amaneceres en su hermosa y blanca superficie en donde saltaba lo mismo una hermosa carpa que una cantarina rana, una diligencia tirada por briosos corceles, llego una apacible tarde de sábado a la risueña villa láguense por el camino real de la tierra, cruzando el río para ingresar por la calle real a buena vista y girar hacia la calle del molino hasta detenerse justo en la esquina de la calle de la pilastras en una señorial y elegante mansión que exhibía unos lindos balcones abiertos con artísticos antepechos de cantera y enrejado de fierro forjado, descendía de la diligencia una pareja muy elegante, el barón de aspecto recio y de rostro malhumorado era don Esteban Cervantes y Peralta, ella su hija una juvenil flor de alelí una hermosa tes apiñonada doña Teresa Cervantes Cuenca, fue una tarde cuando la dulce joven Teresa sintió temblar su corazón y sacudir su espíritu cuando el atractivo joven Julián de Contreras hijo del rico dueño del molino publico del trigo la invito a salir a un baile los cadenciosos tonos de una dulce melodía, la pareja quedo sellada con un pacto profundamente espiritual cuando Teresa le entrego a Julián una cruz de lechos jurándole su eterno amor justo en el balcón principal donde por primera vez se besaron, pero las fuerzas que gobiernan los espíritus mundanos tenían preparado un desenlace infeliz para la joven pareja de golondrinos enamorados, y es que cuando se entero Don Esteban Cervantes que su hija se veía a escondidas con su enamorado galán en el balcón principal de su hogar, al siguiente día interno a la desdichada Teresa en el convento de capuchinas donde ni muertas podían salir del claustro obligatorio, cuando Julián su amado se entero de esto enfurecido ensillo a su mejor caballo y se dirigió en la oscuridad de la noche al recatado convento de las monjas capuchinas para intentar un audaz escalamiento con la intención de sacar de ahí a su amada, todo fue en vano el padre de Teresa habia pagado en monedas de oro un eterna vigilancia permanente de alguaciles al entorno al convento, desolado el joven Julián siguió intentando mediante cartas dirigidas a su amada para convencerla de escaparse del convento pero sus cartas se perdieron en las manos de la estricta tornera mayor que una por una rompía cuanta carta intentaba pasarse por la rendija del torno de la portería del convento de capuchinas asegurando que era el demonio quien redactaba las apasionadas suplicas, el tiempo en la villa de santa María de los lagos pasaba lentamente con ese cotidiano melancólico de las campanadas de la mañana tarde y noche, el tiempo deslizaba el polvo que busca curar los dolores en las almas sufrientes pero nada, un resignado Julián se enclaustro a si mismo comprando la casa que fuera de su amada, subió lentamente una a una las escalinatas de pesadas baldosas rojas de comanja hasta llegar justo a la recamara que fue de su amada Teresa, ahí en el balcón principal desenvolvió la verde cruz de el echo de un fallido amor jurado por Teresa, mando a un cantero para elaborar una gran copia en piedra rosa de su cruz de lechos y colocarla en la esquina de esta vieja casona para perpetuar la memoria de un amor irrealizable en la recatada villa de santa Maria de los lagos, un día luego de que la canasta con que le subían sus alimentos hasta su recamara donde se hallaba enclaustrado Julián se quedo inmóvil por varios días, su único fiel sirviente se atrevió a entrar a la recamara y lo hallo serenamente recostado apretando una cruz de lechos sobre su pecho y dulcemente dormido en el sueño eterno mientras la cruz de cantera que habia fijado se habia tornado de un extraño e intenso verdor que parecia exhalar el nombre de Teresa.