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Cíclopes


Estos gigantes antropófagos están entre los seres más temibles de la mitología griega.

Amor cíclope
Para el británico Geoffrey S. Kira (1921- 2003), experto en literatura y mitología griega, los cíclopes simbolizan una “extraña mezcla entre lo divino y lo brutal”, y forman parte de las figuras “de fondo” del escenario de los mitos griegos, al igual que los gigantes o las ninfas.

De entre los cíclopes fue Polifemo el más destacado. Hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, esta sanguinaria criatura devora al menos a media docena de aventureros que acompañaron al Ulises en su expedición a la isla de los cíclopes, y a punto estuvo de vencer al héroe, quien logró cegarlo al atravesar su único ojo con una punta de madera. En su huída, Ulises cometió la imprudencia de decirle su verdadero nombre y Polifemo lo maldijo. Curiosamente, el cíclope salvaje que vemos cenando a los argonautas es el mismo que en otras narraciones corteja a la nereida Galatea; sin embargo, su amor no es correspondido y termina por asesinar a su rival, un simple pastor mortal.

El poder del ojo
Aunque varios han tratado de explicar el origen de los tres tipos de criaturas, Kirk ha concluido que “no existe ninguna relación particular” entre ellos, pues mientras unos son constructores de grandes edificaciones, los solitarios monstruos de Ulises eran pastores. El académico opina que un grupo pertenece al folclor y el otro es parte del mito, y “no cabe esperan ningún otro vínculo entre ellos aparte de su gigantismo”.

Otro punto de análisis ha sido su ojo único. Para el geógrafo y mitógrafo español Juan Bautista Carrasco se trata de una alegoría que manifiesta la ceguera que causan la pasión y la ira desmedida; el cíclope no ve más allá, se centra en un objeto o sentimiento, lo que le impide comportarse con civilidad e inteligencia. El cíclope no es el único ser dentro de la tradición griega con la posesión de un solo ojo. Se puede mencionar también a los arimaspos, tribufantástica que habitaba en la costa del Mar Caspio. También eran gigantes con un ojo y continuamente peleaban contra los grifos para apoderarse del oro de las del río Arimaspo. En el libro El ojo de la mitología: su simbolismo, el mitólogo español Juan Eduardo Cirlot expresa que la posesión de uno solo de estos órganos era, “sin excepción, un rasgo de inferioridad”. Dicha idea se basa en la creencia de que el segundo ojo corresponde a la visión intelectual, mientras que el primero se enfoca a lo meramente espacial. La falta de “lo intelectual” los distingue de los humanos, y los relega a la barbarie. Un ejemplo que en los tiempos antiguos pudo ser usado para remarcar las diferencias entre los que se consideraba “salvaje” y la prevalecía de la cultura griega.