El imperio de la muerte

El imperio de la muerteLas catacumbas de París. Estos cementerios subterráneos, compuestos a veces por grandes sistemas de galerías, se comenzaron a usar en Roma durante el siglo III. Las catacumbas fueron empleadas por las primeras comunidades cristianas para realizar sus reuniones secretas, y llegaron a servir como escondites laberínticos en tiempos de problemas políticos y religiosos. Con el tiempo comenzaron a considerarse antihigiénicas y se suspendieron en ellas los cultos religiosos.

Muchos siglos después de esas prácticas, en el París revolucionario, alrededor de 1785, se decidió exhumar de los cementerios de la ciudad a cientos de cadáveres que causaban sobrepoblación. Fueron depositados en las galerías húmedas, sucias y asfixiantes del subsuelo, en el emplazamiento de una antigua cantera, conectadas en ciertos puntos con canales, túneles y pasadizos creados originalmente por los romanos, que llegaron a sumar más de 350 km. La misión tomó más de 15 meses y ahí fueron a dar personajes conocidos como el revolucionario Robespierre y Charles Perrault, el autor de cuentos infantiles.
Catacumbas de parisEste amontonamiento de seis millones de osamentas fue decorado con elementos dramáticos, símbolos y leyendas escritas, como la que figura a la entrada: “¡Detente! Has llegado al imperio de la muerte”. El conjunto sedujo a los amantes de las experiencias extrañas. En ese espacio el conde de Artois, futuro rey de Francia (1824-1830), organizaba fiestas macabras a la luz de las antorchas, y durante la Segunda Guerra Mundial los miembros de la resistencia aprovechaban sus rincones para huir de los nazis y los colaboracionistas.
Todo este conjunto hace natural que hayan surgido historias de fantasmas, varias informales e imprecisas.
CatacumbasEn la década de 1970 se pusieron de moda tales relatos entre los estudiantes franceses y se estiló acondicionar algunas salas como espacios de reunión. Ciertas secciones permanecen abiertas al público con medidas de vigilancia, pues se corre el riesgo de sufrir accidentes o contraer leptospirosis, una enfermedad infecciosa transmitida por las ratas. Un detalle interesante en comparación con algunos sitios “paranormales” de Estados unidos mencionados en este artículo, es que la cultura francesa no busca hacer de esta clase de lugares un fenómeno comercial.