La muñeca

La muñecaCuando tenía 9 años no encontraba cosa más bonita que jugar a las muñecas mi favorita tenía los brazos y las piernas de porcelana lo demás de trapo con su cabello negro, era la más linda que yo conocía.
Los días se me hacían cortitos de lo encantada que me sentía con mi muñeca solo la soltaba cuando me ponía hacer algo, pero el resto del tiempo andaba con ella hasta que me iba acostar le dejaba cerca de la salea de donde dormía y al otro día madrugaba para jugarla. ¡Mira Lucia!, me decía mi mama deja ese mugrero de mona porque sino te va arañar yo me hacía la sorda la dejaba que siguiera hablando y le contestaba ¡Pué que sea cierto!, me decía mi mama ¡ándale! Se daba la vuelta y se iba bien enojada.

Los días pasaban y yo seguía igual, hasta que un día sin explicarme el motivo sentí mucho miedo me puse a pensar en lo que me decía mi mama, cuando llego la hora de la cena ya que se había ocultado el sol, Sentí más miedo que antes mientras mi madre recogía los platos de la cena, busque un lugar en donde encerrar a mi muñeca, encontré una Quihuila, que es un canasto grande y metí adentro a la muñeca y luego le puse un fierro arriba para que no pudiera levantarse ¡de aquí si que no sale! Me fui a costar y me dormí, como a las 3 horas se escucho un ruidito y me desperté asustada alce la cabeza y mire que la luz que entraba por una rendijita de la puerta se oscurecía alcance a distinguir una figura, era la muñeca que había dejado encerrada en la Quihuila, se escucho muy bien cuando entraba y como poco a poco se acerco a donde yo estaba, se paro junto a mí, y yo sentí un escalofrío y empecé a sudar, sentí como con sus manitas jalaba la cobija y me enrede bien. Y entonces sentí que la muñeca me daba de guantadas y pataditas, los minutos se me hacían eternos y comencé a llamar a mi madre y ni caso me hizo, estaba bien dormida igual que mi papa y mis hermanos, yo seguí llame y llame hasta que me desperté. Y entro mi mama y me dijo ¡que tienes! Y le conteste ¡aquí anda la muñeca! Mi mama me dijo que me callara y se fue, yo creo que me desmaye.

Al otro día, le conté me regaño y listo, mis hermanos me dijeron que me creían, sin embargo no dejaban de burlarse de mi, yo sabía que era cierto porque la muñeca amaneció acostada cerca de mi y la Quihuila con el fierro estaban como la deje pero sin la Rorra adentro