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Leyenda de Yucatan

Leyenda de YucatanEl mes de septiembre iniciaba en a aquel hermoso pueblo del mayab las matas de zapote y anona desprendían lentamente sus hojas anunciado el otoño el canto de los pájaros paresia acompañar a las frágiles hojas que en el suelo Iván y venían al compás del viento, los primeros rayos del sol aparecieron en el horizonte iluminando aquel pueblo maya de gente sencilla y trabajadora.

Los hombres de aquel lugar se encontraban listos para ir a trabajar a la milpa y con alimentos tortillas, huevos, masa para pozole y suficiente agua en su calabaza, las mujeres también estaban listas para empezar con sus labores acostumbradas poner los frijoles en la candela, tortear, criar a los animales etc.

Al final de aquel pueblo había una casita de paja y bajareque que distinguía de las demás, pues el patio lucia siempre limpio y llenos de matas de vicarias y amor seco que en meses de floración davan un espectáculo sin igual a la gente que pasaba por aquel lugar, a demás a la puerta de tan especial casita había un canche dando cilantro, hierbabuena, y hermosas matas de chile abanero nunca faltaban y los dueños de tan especial lugar se levantaba tempranito para regar sus tan sagradas plantas.

Ellos eran doña Panchita una hermosa abuelita y su joven nieto llamado Ignacio, era un nieto muy bueno que había quedado huérfano desde que era un niño, pero el amor de su abuelita hizo que su vida se llenara de momentos mas felices que tristes pero el joven nacho tenia un defecto era muy incrédulo, y siempre que su abuelita y los del pueblo le contaban sobre los alushes, la ishtabal o los guayes el decía ¿yo!? Ver para creer, esa mañana al estar regando las plantas Ignacio dijo abuelita faltan pocos días para mi cumple años y me gustaría comer venado a si que esta noche iré de casería, asustada panchita le contesto hijo no vayas es peligroso no ves que en mes de septiembre las serpientes muy grandes cambian y se vuelven muy peligrosas.

Ignacio pregunto ¿como que cambian! que le pasa su abuelita le dijo esta bien te boy a contar, en esta época la serpientes que ya son muy grandes les empiezan a salir alas y buscan senotes para vivir ya que los guardianes del monte no les permiten vivir mas en la tierra por el peligro que representan, Ignacio respondió ¡hay abuela! y ¿tu crees en esas cosas? ver para creer quiero comer venado y seguro que esta noche iré de casería, su abuelita le dijo esta bien hijo se que no puedo detenerte pero solo te boy a dar un consejo, no te acerques a los senotes ni a las aguadas.

Mas tarde al caer la noche Ignacio cargo su comida y su carabina y ante la angustia de su abuelita se interno en el oscuro y espeso monte acompañado del canto de los grillos, pasaron las horas y nacho ni siquiera había dado con el rastro de ningún venado y ya vencido por el cansancio y olvidando la petición de su abuelita dijo aquí no casare nada a si que iré al senote y amaneciendo cuando los venados se acerque a tomar agua, casare el mas gordito.

Ya a la orilla del senote Ignacio guindo su amaca en el árbol en espera de su presa, pero como estaba muy cansado a los pocos minutos se quedo dormido,
El tiempo paso y de repente un ruido como de un pájaro con alas enormes y despertó Ignacio que al abrir sus ojos no podría creer lo que veía a la orilla del senote una larga y gordísima serpiente agitaba sus alas como preparando el vuelo Ignacio creyendo que todo era un sueño serró los ojos fuerte mente pero al abrirlos vio clara mente como la serpiente volaba alrededor del te pues de algunas vueltas ante su mirada llena de terror se perdió en las frías aguas aun no recuperado del susto Ignacio recogió sus cosas y corrió a su casa tan rápido como sus piernas le permitieron prometiéndose a si mismo no dudar nunca mas de las sabias palabras de nuestra gente.